pRA^^.
FRANCISCO BAUZA
PRECIOS
MONTEVIDEO Y DEPARTAMENTOS
Un mea j 1.00
Seis meses » 5.00
Un año .. j* 9.00
EXTERIOR
Lofl iDlsinos pvecloa, en moneda equivalente, con
el aumento del ñ'anqueo.
Número coiTlente, 30 centéslmos
* atrasado, 60 *
Tribuno de brillante inspiración,
blanco de cútis, rojo de opinión,
y hasta el tuétano mismo, clerical.
No hay quien tenga mas fó en la religión
católico-apostólico.. oriental.
© Biblioteca Nacional de España
34
GARAS Y CARETAS
—A Julio Herrera que ha sido electo Presi¬
dente-
Fuá lo bastante. Desde ese momento sus
¡vivas! ñiemn los mas sonoros- Pronuncio tres
discursos en la calle Sarandí, dos en la Plaza
lodependencia y uno muy largo frente á la
casa de Tajes.
El público le aplaudid ^ rabiar y le Iiubiem
tomado por el mas entusiasta compatriota, si
al final de su último discurso no dice:
—<£¡ürieiitalos: quiera el cielo que el laurel
inmai-cosibie de la gloria, coronela venei'able
cabeza del Dr. Herrera, cubierta ya por la nieve
de los
Había tomado á Orejuela por el Presidente
electo.
Luego lie sabido que ese sujeto de espíritu
manifestante, siguió viaje para Ja capital ar¬
gentina.
Me apuesto el importe de treinta suscricio-
nes (i que fué el mismo que, según los diarios,
diri^dó la palabra al Dr, Pellegrini, di ciándole
enti^^ otras cosas:
«Aún humeante la sangre de las víctimas
en este suelo que nos vio nacer.. ,5)
T el individuo me consta quo es natural de
Murcia, provincia do España.
Vive por la música, para la música y no me
atrevo á decir que con la música, porque con
ella, como con los versos, son muy contados los
que pueden vivir.
Oyendo tocar el piano á Dalmiro, se olvida
uno hasta de que tienen tarifa los carruajes de
plaza y que D, Lindolfo Cuestas está en el Di¬
recto rio del Banco para suplir al primero que
se le presente.
En fin, caballeros, cuando vean anunciado
el beneficio de Dalmiro Costa, apresúrense k
tomar localidad, cueste lo que cueste, porque
van á oir á un hombre que vale mucho,
Vale tanto, que apreciado monetariamente,
podría decirse que es un pianista de cuatro
sete?ita.
Eustaquio Phllicer
T[iXTO“«Zíg-^ag», por EusLafinlo Pelílcer- ítCuenios, por
Joaquín BaiiiA“wPor seguJr A un gaJgos, {Capítulo
1) por Luis Cardoso Carvallo—'<tpoeslas», por Ri¬
cardo Palma—(tlíl por M. M.—«Taatrosi*, por
Caliban—ttSporti*, por Pió —MeaudenclaB--Corrdfi-
pándeosla pa r lien lai^Ea p ec tácu los--A vi s os.
Grab.vuos—^P rancisco Uau^A^-Variedades—Ricardo Pal¬
ma—José Oxília—Josefa Plá y otros, intercalados
en el texto y avisos, por ScbiUz.
r./-. .. sabe que en la- ma-
nifestación hacha el ki-
á ki Unión Cívica de
/ f Buenos Aires, tomaron
y jl parte treinta mil per-
7 sonas, salvo algún que
usurero, invoiucra-
A el común de las
gentes.
tiempo no
pudimo.s Comprobar si
esa cifra es exacta, pues una vez que nos pusi¬
mos á c o n ta r la con cu v re u c i a, e hj pozó ú gri ta r
desaforanamente un señor que estaba cerca de
nosotros, y como creyéramos que le hubiese ocu¬
rrido alguna desgmeia, interrumpimos nues¬
tra cuenta para pregnlitar:
—¿Le atropelló algún carruaje á ese señor?
—Debe ser que ha sentido alguna TJfííí/íírfíí en
el costado izquierdo, poique se lleva la mano k
sitio—nos ab^ervó uno.
—No es aso;—expuso otro—es una vena que
se le ba debido romptír en la parte de adentro,
porque bu dicho en voz bien alta que tiene
inundado el corazón de, do se qué.
—Desangre, será.
—No señor, ha dicho de otra cosa que em
inmensa y sin límites.
—Eso no puede ser— inieiTumpid un tercero—
será todo lo grande que lo permita el ancho
de la vena, ó, cuando mas, la (.Tija del cuerpo.
En esto, una oleada de gente nos condujo
hasta muy cerca de! señor que gritaba y nos
explicamos las voces.
Era que pronunciaba un dlscur.so paiiddtico,
ensalzando la conducta de los que derrocaron á
Juárez,
Las gritos dobian tener por objeto que lle¬
gase el discurso hasta eJ oído de los Jefes de la
revolución.
También averiguamos que lo que lo inun¬
daba el corazón no era sangro, ni líquido que
se le pareciese.
Era, la dicha.
No hay n^ida que haga sentir tanto el fuego
de la elocuencia, en la punta del pico, como
las manifestaciones populares.
Al individuo que creáis mas incapaz de decir
«Buenos días, señore.s* en voz alta, dadle gente
que le rodée, muchos picos de gas que le alum¬
bren, cohetes abundantes y uu farol donde
encammarse, y se desbordará en raudales de
inspiración sobre cualqiiier asunto.
lín ricacho de un lugar,
dueño de mil posesiones,
y de casas, y doblones,
y de molino y lagar,
tuyo la feliz idea
de hacer sacar una copia
de una linca linda y propia^
que es la que más le recrea
Hizo yenir un pintor
de fama reconocida,
y fué con él en seguida
(porque esto era oe rigor)
á enseñarle el sitio aquel
oue tenia que pintar,
digno, cu verdad, de ocupar
la paletz y el pincel.
Dan vueltas en derredor,
ninguno de ios dos chista,
hasta que el punto de vista
llegó á encontrar el pintor,
Y sacando una cartera,
un lápiz ^ un gran papel,
empezó a tomar en él
apunte.^ á la ligera.
El propietario al ver esto
exclamó:—¿Usté pintará
la casa tal como cslá?
—Tal como está, por supuesto.
—¿Hará usted el emparrado?
—Sí, señor.—Desearía
que hiciese usted^ si podía,
un caballo aquí parado.
—Síj señor; íe pintaré,
—¿Hará muy bien, verdad?—Sí.
— Diga usted, ¿ Y un burro aquí...
— ]i\ burro donde usté esté
haría mejor efecto.
—Un guarda también quisiera...
—puedo hacerle aquí, más fuera*
—]Va á ser un cuatiro perfecto'
¿Y la puerta estará abierta?
—Como la está usted mirando,
—¿ Y cabe un perro [adrando
aquí, al lado de la puerta?
—Sí, pero más en el centro
es donde voy i pintarle.
—Y quisiera que al mirarle,
corriendo se entrase dentro,
—;Nü podrá ser?—Por qué tío?
— Por que eso le hara subir
de precio.—No hay que decir
nada de eso,—contestó.—
(¿ue valga lo que valiere
yo lo pagaré, con tal
que entré y salga el animah
— Lo h(i re como usted lo qütere.
Concluido el cuadro, agradó
muchísimo al propietario;
y al cura y al boticario,
y á todos entusiasmó.
— ¡Es exacto el parecido!
¡Todo está perfecta ni ente!
Una cosa solamente
noto que echó usté en olvido,
y es el perro, que no encuentro,.
—Porque en cuanto le miré—
contestó el pintor^—se fué
á la casa, y está dentro,
JOÁQUÍH
La Universidad ha adquirido un fonógmfo.
La otra noche le probó ante numerosas perso*
nas, invitadas ul efecto.
El aparato, muy parecido en su forma k
una mÉiquina Smffer, habló con íácil palabra
é inspirados conceptos y cantó con voz, algo
engolada sí, pei-o no exenta de sentimiento
musical. La acción dramática no la pudimos
apreciar por estar guardada en una caja.
Uno de lo.s concurrentes, creyendo que el
aparato eva una persona mal configurada, le
preguntó:
—¿tíabe si el Banco llamará á la conver^
siou en la fecha que ha prometido e! Gobierno?
Otro individuo, abandonó rápidamente el
salón al oir hablar en inglés al íbnógreifo, y
cuentan que dijo ai salir.
— ¡Hasta en los aparatos de física me he de
encontrar con m^lesesl
Segu □ el 1) r W i 11 i m a n, el fon óg ra fo re p i te
cuanto se lo liahla, de lo que deduzco que el
perfeccionamiento del aparato no llega toda¬
vía á reproducir los discursos de muchos hono-
j'nbles señores que tienen asiento en nuestras
Cáiriara.s.
Verdad es, que para conseguir esto, ba.sta in¬
ventar UD aparato que pueda moverse é volun¬
tad, de arriba abajo y de izquierda á derecha.
Para mas propiedwd, puede dárselo la forma
de una cabeza humana
La Bolsa .sigue en baja; los negocios parali¬
zados y el pan, al alcance de muy determi na¬
das personas. Es casi ilna golosina.
La única salvación posible que se nos pre¬
senta, es aceptar el i'eto que en grandes carte¬
les nos hace la empresa del Circo Oriental.
Dice que dará ¡quinientos pesos! al que se
meta en la jaula de los Jeone,'^.
Dura es la prueba, pero no tendíamos mas
remedio quo sucumbirá ella.
Para fortalecer niiesti'o valor diremos lo que
decia un amigo ouestre:
—El que lia vivido catorce año.s bajo el mis¬
mo techo que su suegra, y tiene que habérse-
!a.s dia á dia con el dueño de la casa, bien puode
atreverse á alteimar con animales, feroces!
Porque,el asunto, es lo de menos; lo de mas es
hablar y hablar con toda la convicción mas
imitada posible, para hacer ver que se tiene
corazoQ sano y pulmones robustos.
No es que (tuiera decir con e.sto que los que
llevaron Ja palabra en la manifestación del lú-
nes, lo hicieran impulsados por móviles áge¬
nos á los del sentimiento mas puro, inspímdo
por la solemnidad del acto, ¡Líbreme Dios!
Es que no me puedo resignar á que hablen
tantos y, sobre todo, á que lo hagan tan fueide.
y es, también, ))or que me rocueida muchos
casos en que observé que los que hacían mas
ruido eran los que me nos tenían que ver con la
cosa.
Cuando se proclamíi presidente al Dr. Herre¬
ra, un sujeto recien llegado de Europa, se en¬
contró al desembarcar con la comitiva que
acompañaba al Doctor hasta la Cámai'a,
—¿A quién dan vivas?—preguntó el reden
legado.
En ía semana entrante se efectuará en el tea¬
tro Solís una interesante función k beneficio
del célebre compositor y concertista de piano
Dalmiro Costa.
Dalmiro Costa, es oriental, y un verdadero
gónio, aunque algo corto de vista.
© Biblioteca Nacional de España
35
CARAS Y CARETAS
las niñas, prendidas del vestido de las mafnás, inter¬
rumpían el corrillo decidor y charlatán formado alre¬
dedor del algibc, con sus preguntas y sus lloriqueos;
mientras allá en el fondo, en una sombra enorme, se
agitaban en pelotón informe las madrugadoras, junto á
los lavaderos desbordantes de agua enfábonada, de en¬
tre cuya espuma sacaban,estiradas y goleando, fas pie¬
zas de ropa que retorcían febrilmente, después de gol¬
pearlas, para arrojarlas en la batea ó para prenderías
con alfileres en las cuerdas sostenidas por cañas ó
atadas de una reja á un clavo.
Ya el sastre D Eusebio, sen-
lado sobre la mesa, había inicia-
do el remiendo del pantalón que :
no pudo terminar la noche ante— ;
rior, no sin haber encendido antes
el hornillo sobre el cual se caldea
la plancha de asentar las costuras;
ya Pie tro, el zapatero del barrio, ■-
aturdía el p.'inj con sus martilla¬
zos en la ^uela dura, que resonaban con eco metálico;
ya el painJero había dejado iquí yacullá los panosde
su cesto enorme, después de recoger el precio y las
reclamaciones de las marchanias: ya el cuadro, siem¬
pre igual, de aquel p itio turbulento, adquiría sl ver¬
dadero aspeeio, un aspecto indecible, lleno de es¬
condidos detalles, de sombras y de c brida des, de
quejas y de alejjrían, confundidas ó combinadas, sobre
aquel piso de baldosas rotas, siempre limpias y siem¬
pre sucias, sobre las cuales se agitaban los inquilinos
en permajt' nte promiscuidad y respii’ando una atmós¬
fera que apenas podía purificar el sol que por todo al
patio se repartía en ondas de luz clara y vivificante....
—Do ni Leocadia ^ha visto á don Andrés? ¿Cómo
no stí 1 ih 1 levanta-lo todavía?—preguntaban á la encar¬
gada, las vecinas, interesadas por conocer las causas
que obligab.in al vecino del numero 8 i permanecer
con su puert,] cerrada. Estrañabn toda aquella gente
que don Andrés no hubiera abierto su ventanilla, una
ventanilla de un soto vidrio, por la cual se colaba
todas las mañanas el rayo do sol que alejaba el sueño
de sus oíos. La ventanilla permanecía cerrada y eran
ya las nueve..,.
y dirigiéndose al cuarto núm. 8, golpeó, sin obtener
contestación.
Detrás de ella [os chicuelos, y una ó dos mujeres
se situaron en frente de la puerta, mientras don Euse^
bio, con las gafas azules enancadas sobre la nariz, se
presentaba también cubierto de hilachas y de alfileres.
—Don Andrés! Don Andrés!—dijo con voz fuerte
doña Leocadia, al mismo tiempo que empujaba la
puerta y uno de los chicos se encaramaba en la ven-
Á UN CALCO
icos se encaramaba en la ven^
vidrio.
CAPlTtiLO i
DONDK APAKEGK E.L GALGO
Un sol de invierno, amarillento y tibio, batía las
puertas que daban al gran patio del conventillo de
don Ignacio, y secaba aquellas baldosas rotas é infor¬
mes que la encargada, dona Leocadia, había lavado
con escoba dos horas antes.
Poco á poco, se abrtan aquellas puertas para dar
salida á las inquilinas, que, soñolientasy desgreñadas,
sacaban el brasero, al cual arrimaban la charamusca,
encendida con un cabo de veía, ó se dirigían al pozo
al rededor del cual se cambíabají los saludos matma-
les, ó iniciaban el diario tejido de la murmuración.
^ —Buenos dias, doña Leocadia—decían todas diri¬
giéndose á la encargada, vieja cincuentona, de aspec¬
to hombruno, rica en carnes j de labia inagotable,
pues con ella había alcanzado a colocarse en el patio,
como mediadora en todas las cuestiones y pacificado¬
ra en todas laj riñas, amén de otros derechos que ella
reclamaba y que fundaba en la confianza que le me¬
recía k don Ignacio,
bn viejo rentista era don Andrés: un hongo surgido
no se saDe cómo, ni cuando, na donde: un viejecito
de 6o años, alegre, paqueton, amago de enamorar á
las muchachas lind.is de la casa, siempre con una de¬
claración para ellas, con un consejo para los vecinos
y con una caricia para los chicos: un madrugador que
abría su ventanita y desde ella contemplaba las pri¬
meras agitanone,'^ del pátio, dando tiempo a que hir¬
viera en el reverbero el agua con que se hacia el mis¬
mo su desayuno—thé ó café y gal lentas Numancid
con ani^—un original áquien nadie visitaba, que había
hecho de su existencia un cronómetro, y que vivía de
la renta de dos casas que administraba don Ignacio, el
dueño del conventillo. Se levantaba con el dia y se
encerraba cuando b noche borraba el cielo. Era un
M-i inofensivo, que se había ro—
f iK simpatías de sus
_ 9k compañeros de casa, que se cal—
zapatería de Ftetro,
vestía don Ensebio, que
le hacia los cigarrillos de tabaco
y ^ y que era ob-
y jeto del cariño de doña Leocadia,
porque lo veía bueno, caritativo
con doña Dorotea y amable hasta con los inquilinos
mas insoportables.
—Qué le pasará á don Andrés?—decía la Juanilía
Con maliciosa curiosidad, dirigiéndose d la encargada
que se entretenía en tejer una media.
—Quién sabel contestaba esta, sin interrumpir su
tarea.—Quizás haya pasado mala noche y casi estoy
por llamar.í.. ^
—Déjelo, doña Leocadia, no lo incomode—decía
otra desde la puerta de su cuarto—ya se despertará
con el barullo que le hace el zapatero... ivaliente
vecino!...
Los comentarios aumentaban entre aquellas gentes
en pleno periodo de agitación. Entraban y salian los
fruteros y verduleros que atronaban con sus gritos al
ofrecer sus mercancías. El ruido de la calle se con¬
fundía con el ruido de la casa,formando una nota vi¬
brante y atronadora que se estrellaba en las paredes y
se derramaba por las habitaciones. Los chicos unian á
ella sus gritos atiplados que disonaban con las can¬
ciones de las vecinas, que, dobladas sobre las bateas ó
entregadas á sus ocupaciones, matizaban con sus ves¬
tidos multicolores eJ fondo ahumado del patio, en¬
cuadrado entre las paredes caliginosas sobre las cua¬
les el sol estampaba sus rayos.
Dona Leocadia sentía que la curiosidad la empuja¬
ba hacia el cuarto de don Andrés. Aquella puerta
cerrada la tenia sobre ascuas. Abandonó su habitación
las gallinas flacuchas, que picoteaban el grano ó ol re¬
siduo olvidado por doña Leocadia en los intersticios
de las baldosas durante su baldeo matinal; el gato
haragán y friolento, que se espulgaba sobre un girón
de sol, y los chicuelos sucios y haraposos, que tas
madres lavaban en tinas ó en cacharros, unas juntas
á ütras^ sin interrumpir la charla inagotable, el co¬
mentario, el suceso del dia, que era siempre la prisión
del hermano de doña Pepa, la cigarrera, la onterme-
dad de doña Dorotea, paralítica desde siete años atrás,
y con cuatro hijos, o el alquiler que hay que pagar, sin
apelación, porque doña Leocadia no anda en chicas y
enseguida pide el cuarto.
: lífflill' — muchacho me tiene lo—
—'É sel amaba doña Mari a, la cos-
^ \ tnrera de gente principal, acre—
!l i por sus hilvanes, mientras
13 martirizaba á un muchachote re—
I gordete y rojo, arrimada á la pi—
dleta, en donde lo Enjabonaba
de darle el desayuno para
■ enviarlo al colegio.
—Juancito, traeme el brasero—voí tferaba desde un
fondo deí patío la mujer del sereno, al mismo tiempo
que sacaba del fondo de un cajón, la ropa empapada
y retorcida que empezaba á almidonar con cuidado,
antes de ponerla sobre la tabla de la plancha,al mismo
tiempo que doña Leocadia, ya peinada y con su de¬
lantal de zaraza azul, iniciaba la tarea higiénica de
ventilar su cuarto, colocando sobre sillas los cober¬
tores y las sábanas de su lecho y junto^ á la puerta
los trebejos de uso para que el aire de la mañana los
desinfectara.
Entretanto, el sol matizaba con luz mas fuerte el
patio que se animaba con la conversación de los ve¬
cinos, que casi todos se habían levantado y se pre¬
sentaban en las puerta^ restregándose los ojos, unos,
á medio vestir, otros,y los más,cambiando salutacio¬
nes con !os de ¿il Wo,\ÍcjQS amigos, de los primeros
inquilinos, abejas fundadoras de esa colmena en que
no había un zangaño que íionturbara la diaria armo¬
nía y la paz existente en el conventillo.
De cada cuarto salían dos ó tres muchachos que, á
saltos, so reparrían por el patio y por las piletas, po¬
niendo en cuidado á doña Leocadia que veía en peli¬
gro la limpieza de sus dominios y que la obligaban á
que íes ordenara que salieran á la calle, en tanto que
pelado y amueblado con cierto esmero. Un escritorio
antiguo en un extremo de la habitación; una mesa en
el centro con tos cajones abiertos; un lavatorio y ¡unto
á él la cama de hierro: y sobre ella, rígido, helado,
espantoso, el cuerpo de don Andrés.
¿Cómo se cometió ese crimen?
Nada se sabia. No se le conocían enemigos ni
tampoco se le conocían amigos. Su existencia meto*
dica y sencilla no daba cabida á apreciaciones sobre
sus condiciones morales,que eran intachables. ¿Quién
pues, había cometido esc crimen? ¿Y con que móvil
se comctio. El hecho de estar abiertos los cajones de
la mesa, hace suponer que fué et robo. Pero el escri-
tonq estaba intacto, en él guardaba don Andrés las
escrituras de sus dos casas, en la liabiiacíon no se noe
taban indicios de lucha violenta, anterior al momento
aeJ crimen, sobre las sillas se vela la ropa que don
Andrés se saco antes de acostarse, y su reloj de oro—
un viejo imo;iforV,^estaba sobre el lavatorio, marcan*
aú la hora del momento. Sobre todo, la puerta había
sido cerrada por adentro y la llave estaba en la ce¬
rradura.
Profundo misterio envolvía el suceso y en desco¬
rrerlo se ocupaban los vecinos, cuando llegó el mé¬
dico forense que constató la muerte de don Andrés
por asfixia, extendiendo la papeleta de defunción.
© Biblioteca Nacional de España
—iCnando Ilef^ríi aquel dia
y aquella feliz luaQaiia
que nos lleven á loe dos
el chocolate Á la camal
{Canción popuíar)
Si au amor ha de aer muy consecujente,
no sea usté en pedirme muy tardío»
pues ya vé que no estoy, amieo mío,
para ^aar el tiempo Intitll mente»
—No vaya usté á. visitarme.
>^Por qué, simpática Lolaí
—Por que estoy en casa^ sola,
7 podi^ criticarme.
—Dlme, mamá, ten qué se conoce
la edad de los cacallosi
—los dientes, hija mía.
—iTfil los usan artlH dales, como tül.
-Esta es la mano, mi vida,
que he de pedir enseguida.
—Pero ¿Ignoras que a Cipriano
se la llenen concedida?
—]Pues pediré la otra manol
Sueplto tras de suspiro,
aún busca en su edad postrera,
algún léven que la quiera,
iNo habrá quien la pegue un Uro?
—Dame el íí jpor compasloni
y haz que abandone, Vicenta,
esta mala posición,
siquiera teniendo en cuenta
que me eusúclo el pantalón.
—T para mantener á mi hija ¿con qué cuenta usted?
—Pues mli'e usted, yo, generalmente, cuento con los
dedos. Es la mqjor manera de uo equivocarse.
Tres mozos de apariencia,
ingertos de melones,
que pasan la existencia
flechando corazones.
—iCfomo yd le vuelva á ver
conversar con "Doroteal*....
—Pero hombre lal es mi mnjerí
—Pues no Impor ta lannque lo sea!
—Aht vá mi mujer con uno que inaturalmente! no
debe ser su marido.
38
GARAS Y CARETAS
Cayó U noche sobre e[ patio del conventilloj quei
mal alumbrado, parecía la Doca de una cueva. Pero
del cuarto de don Andrés salía un chorro de luz que
clareabaj en parte, aquel cuadrado^ en medio del cual
se agitaban, tocadas por el viento, las ropas colgadas
de las cuerdas y tos carbones que se apagaban en
estallidos entre las cenizas de los braseros; eran las
luces de las seis vetas que rodeaban el féretro en que
dormía don Andrés el eterno sueño,.,.
Vahídos y más vahídos asaltaban á doña Leocadia,
que íamentaba la suerte infeliz de su inquilino, y cada
vez que el amoniaco apaciguaba sus nervios pregunta¬
ba si se sabia ya quién era el asesino de don Andrés.
AI dia siguiente, cuando la calma renacía en su es¬
píritu, oyó aelábios del zapatero Pietro estas palabras,
que inundaron de sombras su mente:
—Doña Leocadia: el sereno de la esquina declaró
que á las j de la mañana vio salir de aquí á un hombre
ricompañado por un perro galgo
—¿Un galgo?—se preguntó doña Leocadia.
V en su cerebro se clavó, con pertinaz consisten¬
cia, la figura de un hombre acompañado por un
Luts CalHdoso Carvau.o
POESÍAS
DE
RlCAnrO PALMA
Leña para el infierno
Diz que se confesaba un usurero,
enredísta, tramposo, verdadero
tizón de la cocina
donde el demonio sin rival domina.
Y haciendo el desballjo
de su conciencia, al sacerdote dijo:
—Padre, acusóme, á fuer de penitente,
que no tuve piedad del indigente,
y al que vi en un apuro
apretóle la soga, duro, duro.—
exclamó:—|Desdichadoí
jy no pensaste nunca que algún dia
ajuicio el Justo Juez te llaniaria?
—Ahi la cosa dá largas jpor mi abuela!
(gritó contento el hombre-sanguijuela).
Si Dios es Juez de paz, no me querello
de andar entre escríbanos.... jqué me place.
Entáblese demanda.... ¡vengo en ello!...
que después,.♦. ya veremos lo que se hace.
A un viejo que pasaba por la calle,
una niña bonita
y de arrogante talle
detuvo del faldón de la levita»
diciéndoíe:^—Señor, por vida suya,
quiero que usted me instruya
ae las nuevas que aquí me participa
una tia que tengo en Arequipa—
y, sin mas requilorio,,
una carta pasóle al vejestorio,
Cabalgó el buen señor sobre los ojos
un grave par de anteojos;
el sobre contemplo, rompió la oblea,
ía arenilla quitó de los borrones,
examinó la firma, linda ó fea,
y se extastó media hora en los renglones.
Ya de aguardar cansada,
—¿Qué me dicen* señor?—dijo la bella—
Y el viejo echó á llorar diciendo:—Nada!
has nacido, mi bien, con mala estrella—
Asustada ín joven de] esceso
de llanto del anciano,
!e preguntó:—¿Quizá murió mi hermano?—
y el viejo respondióla:—Ls peor que eio.
— ¿Está enferma mi madre?—Todavía
es peor cosa, hija mi a.
No puedes resistir á esla desgracia.,.
yo, viejo y todo, me volviera locol
—¿Qué ha sucedido, pues, por santa Engracia?
—tú no sabes leer... ni yo tampoco*
En la diestra picóle á un escribano
ponzoñoso escorpión El cirujano,
á remediar llamado la avería
exclamó:—¡No hay tu tía!
esta es la mas atroz de las dolamas,.*!
cloroformo, serrucho y ^fuer.^ mano!
Otra cosa es andarse por las ramas.—
E hizo la amputación. De su letargo
el paciente volvió con llanto amargo,
y maldiciendo mas que un carretero*
—¿.^ qué viene la queja? ¿Refunfuñas
porque silvas la vida, majadero?
—No lamento mí mano, caballero*
— Entonces ¿por qué lloras?—Por mis uñas.
il€l JefeU
¡Y murmuran de caseroi^íl
jY hablan mal de cuñados y sobrinos!
[Y escriben diatribas contra las suegrasi
¿Pues dónde me dejan ustedes, gacetilleros gruño¬
nes, dónde me dejan ustedes el jefe?
Paguen ustedes con puntualidad, y verán á la pa-
trona dócil y al casero complaciente.
Tengan ustedes un poco de carácter, ^ el cuñado
ó el sobrino se reducirán á sus naturales limites.
Rompan ustedes con el tradicional odio á las sue¬
gras, sean con ellas tolerantes, y las verán sonrien¬
tes y dóciles.
Pero el jefe... ¿me quieren ustedes decir qué
puede hacer un hombre para desarrugar el ceñudo
entrecejo del jefe?
El jefe no se sonríe nunca. —¡Qué dirían!—Nunca
se interesa por la salud de ustedes.—]Es superior á
esas cosas!—Saluda poco ó nada.—jCada cuál ha de
mantenerse en su terreno!
¿Gastar un jefe una broma? jCalle usted por Dios!
[Se resentiría ía disciplina!
¿Darle á usted un cigarro? ¡Voto á San! ¿Somos
toaos iguales?
¿Nose ve continuamente que el hombre á quien
un superior le dá la mano se toma brazo y todo, se
cree igual á él é interpreta torcidamente las con¬
lianzas?
¡Cuidadito con eso!
El jefe—sobre todo* el jefe que sabe serlo—debe
copiar la cara» las actitudes y las maneras de esos
barbas de teatro de provincia, que en hs comedias y
dramas hacen de padres ofendidos, ó de reyes ú la
antigua española, ó de banqueros seductores, o de ca¬
pitanes de navio, ó de traidores desalmados.
Siempre mala cara, como si tuvieran dolor de mue¬
las ó reuma crónico.
Despego, mucho despego, como hombre conocedor
del muEioo y harto de la vida y enemigo de sus se¬
mejantes.
Hablar poco; pero lo poco que se hable, que se
oíga. Gran vozarrón, así como cficen que habló desde
el Sinai á los [israelitas el Supremo Hacedor* Alguna
interjección de cuando en cuando, mucha admiración
y mucha interrogación en el diálogo.
—¿Donde llene usted los ojos?—¿En qué está usted
pensando.^ —¿Como es usted tan torpe?-*-]Que lástim^
de pan el que usted come!—¡Lástima de sueldo que
le dan á usted.
Para el jefe es usted un ser inferior en el orden
humano, lo cual no quita para que todos los conoci¬
mientos que usted tiene le parezcan pocos.
Sucede tq que á muchas de nuestras mujeres con
nuestras criadas. Quieren que una moza de diez
pesos al mes sepa coser, aplanchar, culinaria, como
Brillat-Savarin, leer y escribir, pero con ortografía,
cantar con afinación, hablar como nuestros clásicos y
vestir con arreglo aj figurín.
El ¡efe quiere que un empleado de 50 pesos sepa
francés, ingjés, ateman, algo de partida doble, su po¬
quito de dibujo, elenientos de legislación, cálculo
mercantil é historia sagrada, desde A dan hasta nues¬
tros dias
La infalibilidad que no se ha podido encontrar para
los jefes visibles de la iglesia, es preciso que sea cir¬
cunstancia indispensable en [os subalternos*
El jefe puede equivocarse, casi estoy por decir que
debe equivocarse. ¡Tiene mucho en que pensar!
[Lleva muchas cosas en la cabezal jNo puede estar
en todo! ¡No debe de cender á ciertos detalles!
Pero en cuanto á usted, ya es otra cosa. La menor
equivocación le convierte á usted en torpe, descuida¬
do, imbécil, atolondrado, estúpido.
El inferior debe dar al olvido sus dolores y echar
la llave á los recuerdos.
Si la esposa está á punto de salir del paso, como
suele decirse, ó si los chiquitines rompen demasiados
zrrpatos, ó SÍ eUasero ha enviado la última Intimacién,
debe usted olvidarlo al sentarse á trabajar.
Así como el público pide gracias al actor cómico
aunque acaben de enterrar á un ser querido, el jefe
pide á V* cara complaciente, abibilídad en sus mane¬
ras, acento cariñoso v respetuoso en las preguntas, y
una salud á prueba de bomba,
•—¿Estar V* enfermo? ¡A ver, á veri ¿Cómo ha si¬
do eso? ¡Quince dias enfermo! ¿Con qué derecho?
¿Con permiso de quién? Los pobres no están enfer¬
mos nunca. [Lo que es V. es uneandulón, un vicioso*
un haragán!
Al traspasar el umbral déla oficina, quedan rotos
los vínculos que unen al jefe con el subalterno, y se
mantienen firmes los vincutos que unen al subalterno
con ^1 jefe.
[Cuidadito con que al tropezarse V* en la calle
cün el jefe no deje V, la acera libre y se quite el
sombrero y aun haga intención de quererse quitar la
cabeza]
¿Que él no corresponde al saludo? ¡Bueno; pero
hágase V. cargo! ¡No le ha conocido á VJ ¡Conoce
á tanta gente! ¡No creyó que era saluaol ¡Se figuró
que iba V* á pedirle algal
A veces, el ¡efe se fija en V. por distraerse» por
ver la facha de V*
¿Lleva V. un roto, un descosido, ropa no respeta¬
da por la intemperie y los años? ¡Qué adán! ¡Qué
desgalichado! [Son pobres y sucios!
¿IJeva V. saco nuevo, porque alguna vez lo ha
de ser? ¡Eche V* lujol ¡Asi no ahorran un cuarto,
y son pobres toda la vidal ¡Y sabe Dios de dónde
saldrá tanto lujo, porque con el sueldo solo, no tiene
ni para agual
En ftn, que cuando es V. niño le dicen para ame¬
drentarle: <í|Qué viene el coco!» Y cuanío llega V.
á hombre le asustan á V. los compañeros, diciendo á
media voz: ^¡Que viene el jefe!)^
Eso si; asi como en el orden gradual de la familia
el hombre que hoy es yerno y murmura de su suegro
es mañana .suegro y se vé murmurado, asi en la je¬
rarquía social el subalterno llega á jefe y se toma
con sus inferiores la revancha de lo que el ¡efe le hizo
(i é\ sufrir.
Por eso los anarquistas, que persiguen una igual¬
dad social encantadora, no verán jamas realizados sus
ideales.
Todos vivimos con jefe, algunos los tenemos por
docenas, como se tienen las viruelas.
El jefe es nuestra pesadilla, nuestro desvelo, nues¬
tro martirio*
Y si los suicidas tuvieran algo mas de apego á la
verdad que al romanticismo, alguna carta de las que
se encuentran ¡unto al clásico revólver^ diria asf:
«iSeñor Juez: No se culpe á nadie de mi muerte*
Me mato para descansar, para no tener ¡efe.^
¡Ah! Lecioces míos: ¡Bienaventurados los vagos,
porque ellos no tienen jefe!
M* M,
© Biblioteca Nacional de España
grupo de sus contrarios- Breves momentos de lu¬
cha decidieron el triunfo por Cateinin omq llegó hol-
eada á la raya. —Tiempo: i,e6 2 ¡U'—Cormeiikf entro
segundo,
OíMjcíi forzó el tren en el Premio Agosto, distan¬
ciándose enormemente en la primera media vuelta de
Coaüdaj que era la favorita, de Rúmingion, y
SWürííf. Pero al llegar á lo de Cu ni i ¡i, Farsita inició
una atropellada formidable con éxito completo; Re-
mingionj que era mi candidaTo, empezó á correr des¬
pués del codo, ocupando el segundo puesto,—
Tiempo, en la vuelta, i.jq
El Premo Excehior no fue tan chac^mento como se
creia. Ganó Tmn, con un ti mpo de 1,4 en los 1000
metros, pero al final de la carrera Rdfag^j le alcanzój y
sí no h quebró fue por faltarle tiempo en tiro tan corto.
La, dos carreras mas interesantes, fueron, sin duda
alguna, las últimas. El Premio Sarandi fue disputado
por doce caballos, entre los cuales, tres, yá celebres
en Europa, Aprovechando un buen momento, el jí^rr-
ter Rodríguez Larretsi bajó la bandera, y el pelotón
se pu so en 1 n ovi mi e nto en pós de Cd rdo/t, Oricn fa! y
Giierrilicro, que tomaron la punta, Orsentirl hizo el tren
en tos príjneros mil metros, siendo alcanzado a esa
altura por Exmoor y Delfín que ocuparon respectiva¬
mente el primero y el segundo puesto en la carrera
Al pasar por primera vez frente al palco, los hadas
forzaron el tren, pero á la altura de los izoo metros,
GutrfUkfo desarrolló su acción vigorosa y rápida, ba¬
tiendo á todos sus contrarios, tras breves momentos
de lucha- Alcanzó el triunfo por tres ó cuatro cuerpos
de ventaja, llegando segundo Defn^ un vtiuider que
desbarató en parte un pronóstico del número ante¬
rior, pues Bímenyup! solo consiguió entrar tercero y
Cdrde/i, cuarto. Tiempo en los jooo metros 3.164'^.
La última carrí^ra. se redujo a un nu^tth entre Solí-
tarh y Ámitnrero^ después de li vuelta primera. En
el camino quedó el tendal de los demás competidores:
DoroUa se Elevó una valia por delante, y uayó arras¬
trando á su jockey; Phoi¡iitl se resi si jó á saltar, quedan¬
do eliminado de la carrera y Víingihmíiíi so aplastó
después de tos 2uoo metros-— VA SiuJ Charrúa obtuvo
su segundo triunfo del dia con este premio.
Hasta el je del corriente no hay otra fsesía hípica.
Estamos por cünsíguíentej á dieta de emociones 5/70r-
fíVní,—Veremos como se llena el programa de las
carreras próxianas, para abrir [Uicío en el próximo
número sobre las inscripciones que se hagan.
A nadie mas que iV las sl^uienies persí
dedico el característico de la corupailia
ací\i6 en el Teairo 2 >op'Ulm\ su fiuicioa de
cia:
Saturnino Ueye-S, Juan J. Illa, Pat
lile D >: ‘ses, A1 ej a í i d ro O j - ti z , E e r mi n O J i v
Lorenza Mussio, .señor Averno (cdmLsaríü) .1
Aobriot, L'oriunatíí Bonifacio, Jusm J,
Cesar Baviui, José Beiiino, Ernesto Tu^
Btuiigua ^ledina. Pech o hurrut, Eossi Hi
M i gaiel R ey es, J osé A c 11 a 3 d H nos., sen o r
cag'Oü, Pedro Moidlla, Cariesi y A.j-geli, Ríe
y Juan Benusa, Lñca,s y Leandro Pen
francisco Peíufío. Octavio Olivera, En
Testuz, Bej'nardo Agriierre, Pabla líoure,
milico Santos, Francisca Siocca, Juan Cali
ij De nuevo tenemos opera^ y de
la buena. Nuestro gran tenor Oxilia,
If conquista en el Politeama tantos
iauros como conquisto en Solis la pasada tem^rada.
Ha dado Lacla con la Svicher; Favorita con la Conde;
Lücíezia con la Gini, y noche á noche ha notificado la
opinión que desde un principio se formaron los inte¬
ligentes á su respecto.
Digno rival de Massinv y
t de StagnOj los supera en
la dicción dramática, en
la fuerza de la expresión,
en la manera de interpre¬
tar, Su retrato debe figu¬
rar en esta sección de
nos proponemos que solo
figuren los artistas de
Knschmann ha debuta¬
do con Rigoktto, El éxito
del simpático' artista ha
sido estruendoso y me¬
recido. Aunque con me¬
nos voz que hace dos
años, sorprende siempre
por su arte consumado
y por sus creaciones ad¬
mirables en ciertos y de¬
terminados papeles.
JOSÉ OXILíM En el próximo número
publicaremos su retrato.
San F'elipe, ha reabierto
sus puertasj y con éxito. La
pequeña^ pero hermosísima
sala, se vé repleta todas las
noches. Decididamente hay
público para todo.
El que acude á San Fe¬
lipe aplaude ¡usticieramente
á la señora Plá, una buena
actriz que no tiene mas de¬
fecto que el de haberse de¬
dicado á la zarzuela, PLi
SMarinn^ en Tempestad, en
Las Dos Princesas^ y en Cam-
panoae, la simpática tiple ha
llamado la atención.
En el Teatro Popular, se Á
ha estrenado otra compa-
ñia de zarzuela, que reem¬
plaza á la dramática de los
hermanos Faleni,
En cambio en Solis no se
estrena nada absolutamente,
y según todos los síntomas,
en todo el mes de Agosto no
habrá espetáculo en el pri¬
mero de nuestros testros
Caubxn
Cien mil francos de nti golpe (me parece
que no es gt-atio de anís)
fiegon dicen, ofrece
la Academia do C!encia.s de París,
al guapo que presente una Memoria
donde conste un remedio contra el morho.
y el dichoso mortal obteudr-á gloria
y una íoí 11 na t n \gtirá de un sorbo,
Voy á en visir 1111 plan á ver si cuaja
(que bien pediera ser)
y como ese dinero entre en la caja,...
;uo ,sün refónuns Jas que vov A hacer!
Ahí ván unos cuantos colmos^ para que haya
de todo:
El de la fundición: Hacer una caldera de
metal... de voz.
El fíe la li A bilí dad od on iá 1 gi ca: Bxtraer una
mueJH de la boc:^... del e.sKhnago.
El de líi agricultura: Trillar en la em,.. cris-
iíatia.
El de la cij'üjía: Hacer la autopsia al cuer¬
po... dC' delito.
El de la pedagogía: Dar lecciones á las ni¬
ñas. .. de hm ojos.
El de la devoción: Rezar con el Rosario.. * de
Santa Fe.
El de los negocios teatrales: Contratar por
una temporada á la Compañía,,. Nacional de
Crédito y Obras Piiblicas.
—¡Oóíuo está el gremio de dentistas! ¿Querrá
usted creer que me han lleva tío cinco pesos por
oxtraenne una muela y no tardaron mas que
cineo mí u utos íui la í■ 1:1 eiíicif)n?
—[Qué barbaridad! A mi no me costó mas que
quince reales yeso que me tuvieron quearraa^
tnw por toda la casa,
*
En Ja imposibilidad"de servir colecciones
completas ríe los números publicíidos, por ha¬
berse agotado la ediciím de los pidineros, roga¬
mos á los hiunerosos señores que nos las tiencD
pedidris. SH sirvíin esperar la reimpj^esioii de dl-
chtts nlimeros, que .-eró hecha muy en breve,
[No ha de ser tan breve la conversión del pa-
peJ monefla!
^ Siguen las
¿éf É' N A las numerosas
^ vamos olVecien-
,'LS \ (loó nuestros suscrL
tores, siempre en el
■ rky j deseo de liajdatdus de
V gusto, tenemos qud
agregar boy -,do‘^ mas,
* Caí val 3 o y R a f a 1
Fragú eiro, colaboraré n en la novela Par segiér
á Uíi(jal(¡o. además de los señores que yaiioin-
bramos, al dar cuenta, en el numero anterior,
de nuestro proyecto de no vela-
Los nombres do los nuevos colaboradores son
harto conixddos entro la gent'¿ de letras, para
q u 0 11 ece.^ i t o n t ( s .s ííIh u i. t ios d e el ogi o .
Do niufetra puede servirles el Cuplíulo pri¬
mero, encumendado a lo pluma dei smmr Uar-
doso, que por combinación de últiiim hora sus¬
tituye al señor -\ nal, encargado, como dijimos,
de lacón feceiOlí del primer capítulo.
C. K,—Porongojí—Rpi fhi Impoí tíi de las cuatia) sus-
ci'iciímes, se lo pag'ue!
F, Ct-—M ftlo—11/5 lo comería k V. á hesoíí por suactí-
vidarl y entufiasmo. La (.liytanda le libra A V. de este
aten (fino contra au pudor.
L S.^Tacuarembó—íQufe sí puede mandar el impor¬
te on l imhrea? Si. bo rubro, ?/, aunqim sea en g^arbíinzos,
con tal que sean de boen q^rcer.
Clemente,.. X.—PayÉ^amhi—Entre éu nombre y m
coüdíniüu íiay tul abismo. Créame V. que sus versos
asesinan k cualquiera.
E. J.—Saltn—Cumplida su órden,
P, Jüse—Idem ídem.
>¡. U.^CaDelones—Idem Ídem.
P, T.— Líty I'ítnirae—Ideni ideiu.
K. L —Ulvera—Ea mu dio aviso el que pide y poco
dinero el que o trece. Cebo espacios por cuatro publiea-
ciouest son tiien pesos. ]Ní uu roa! menos!
-S>77i^5£:a chico —Monte^í!j;pO“;Y l.an cliicoíNo le v4
ni con niícroscopici, ¡qué prosa:
C«.iY^ííT—^loutevideq—;qmiére usted un buen consejo?
No escruja ni a la faií]ítia.8íj falta de gramiltica es mayor
que !íi de sentido camun. ¡Y cuidado que esta es grandeI
P. Montevldeo—EI asunto es más vieío que don
Feim li n do To rres. A d ein ñs, es tá m a I e se rí lo, fMí re us te d
Yo sé de umi muchacha
jó ven y den y do ari-ogaute facha
ciue se m 11 eiv:i auior píir un mu 11 eco
fea, pobre y en teco.
Sea ciega ul auioi, si es puro y sanio.,
pero ¡pórDio.s! no tanto.
JO&£FA PIA
En la plaza (Yinstituciou, un camiaje derri¬
bó el Ivinos un faroL partiéndole además por
mi tad d e 1 a c ol Li m n a.
Si á. esto se agrega que de Buenos
Aires (a) Jurii^z Celman, se tronchó también, y
que ha cesado en su publicación La Lmlfo-^ia^
semanario que aparecía en esta, resulta que
este mes jm sido funestísimo pam los aparatos
de alumbrado.
Buenas, buenas^ buenas, han si'
do las carreras ultimas. — Hacia
úempo que no tenia el gusto de
presenciar una úesta hípica seme¬
jante. Todo contribuyó á darle
realce: un dia espléndido, una con¬
currencia numerosa y selecta, y
un programa escepcionaimente in¬
teresante.
En la primera carrera (1200
metros) Pavarie hizo punta, pero en
el codo se reunió a ella todo el
Sin que haya 3moa fundada
ni se sepa por que ha sido,
uua mujer muy honrada
abandonó á su marido,
iQué bobada!
ESPECTACULOS PAEA HOY
NUEVO POLiTEAMA-^Corapañia de Opera Italiana—íia
pera eo A actOK TRAV1.%X^*
TEATRO 3AN FfcUP£—Compañía de iíamiela Espafic-
L—La zarzuela en 3 actos: UlASCOTiV-
© Biblioteca Nacional de España
25 de Mayo esquina CÉmaras
SARAN DI S47
Para hacer un buen regato
Yéte á Sienra sin dudar,
porque Sieju'a, en su Bazar,
nunca tuvo nada malo.
Hace calzado á medida,
á unos precios muy baratos,
y es la casa prefenda,
por ser la mejor ¡surtida
en botines y zapatos.
Su martillo lia demostrado
que^ de todos los que hay,
es el mas afortunado,
f mea con él ha rematado
a mitad del Uruguay,
Sí te dice un bebedor
que en la casa de Orejuela
no espíate el vino mejor,
le puedes decir, lector,
queso lo cuente ásn abuela
Fotogra,^ Inglesa
Pcruquflrla
18 DE JDLIO NÚM, 5
Nadie á pelar le aventaja,
y afeitando es tan artista,
que al tilo dé su navaja
no hay pelo que se resistan
Rincón Í78
Fotografía especial,
en que ae cópía d. la gente,
tan perfecííslmamente,
que parece natural.
Uruguay J?B í ^
Es un médico especiál, 1
de quien diría cualquiera |
que ha encontrado fa manera
de hacer al hombre inmortal.
r ZBbAla J54
Llevó el martillo á Maeso,
en campaña provechosa
y no les digo otra oosa,
porque es oastante con eao.
Empresa de Encemlendae
CEUUITO 207
La Empresa que te presento
te ruego, lector, que atiendas,
porque hace las encomiendas
con la rapidez del viento.
25 de Mayo 37B
Pasteles y confitura
y dulces de los mejores;
en esta casa, seíiores,
es todo vida y dulzura.
^ Cenvenclen 2B7
Gon poco que quiera usté,
desalojar el bolsillo,
se dá fácilmente el brillo
de no caminar k pié.
25 da Maye 23tl
Reflejan con tanto brío,
y lanzan tan buena luz,
que trastornan el ¿ííníío,
como dijo un andaluz.
Treinta y Tres 2¡B
El que rlje Lu In<í^ístriol
es, como saben, señores,
el Capitán General,
de nuestros rematadores.
Rincón 2B6
Las hago tan españolas,
y con tan buenas maderas,
qne acompañan ellas solas
para cantai' peteneras.
tbicuy 257
Remata indistín turnen te,
todo lo que el gremio abraza,
pero muy especialmente,
los animales de raza.
Sacacay j
Se pueden lograr tres fljie^
en esta casa, lector:
beber bien, fumar mqjor,
y lüstrai'se los botines.
pantlslas Narte-imerl canes
CÁilARAS 1 S 3
Gradas á lo» especiales
estudios de Priuce é Hill,
pueden comer mas de m 1,
con sus diente» naturales.
Asunción ( Aguada)
Me comprometo á probar
que mejor que esta cerveza
no la ha tomado Su Alteza,
el Príncipe de iíiímjtr.
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